Imagen panorámica: pinchar y arrastrar

Hace muchos años, los arquitectos de la naturaleza se aliaron para diseñar las formas que debería tener la línea de unión entre el mar y la montaña. La alianza contemplaba en su premisa como condición principal el que ninguno de los elementos naturales perdiera su personalidad y, así, trabajando en equipo, sumando ideas, aunando esfuerzos, crearon un territorio verde y azul, con mar y montaña, salitre y musgo, roca y espuma. Cambiante, ría y ribera, apasionadamente vivo, con playas dinámicas de finas arenas y mareas sorprendentes, siempre distintas en formas, en colores, en aromas, en sonidos. Montañas no muy altas, con pequeños valles y bosques profundos. Tierra y agua, azules grisáceos de roca caliza, tonos rojos de las margas y ocres de las areniscas, verdes frescos de los robles, hayas y abedules, verdes brillantes de las praderas, amarillos de las aliagas, azules intensos de carraquillas, del mar, del cielo. Ahí están nuestros pueblos, en la KOSTA, junto al río, amparados por la montaña, abrazados por el mar.
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